El Príncipe Rana
sábado, 12 de diciembre de 2015
El mundo de la ESCRITURA
Dicha actividad va a estar dirigida para alumnos de Educación Primaria, concretamente a partir del tercer curso.
Tiene como principal objetivo que el alumno sepa manejarse correctamente en las distintas actividades a realizar.
Los alumnos se dividirán en 4 grupos.
1ª- Saber describir
Ésta actividad va a consistir en que el maestro/a les enseñará al grupo correspondiente a realizar dicha actividad una imagen sobre cualquier motivo, por ejemplo un paisaje, edificio, retrato, etc. El objetivo de esta actividad es que los alumnos sepan describir dicha imagen con sus propias palabras, intercambiando opiniones entre los distintos miembros del grupo, así les será mucho más fácil el realizarlo, gracias al trabajo cooperativo del mismo.
2ª- Inventa el final
Ésta actividad está basada en que el grupo deberá elegir un cuento facilitado por el maestro/a y ellos deberán crear el final del mismo. Aquí se pondrá en práctica la imaginación de los alumnos/as y la motivación de los mismos.
3ª- Aprender a escribir una postal
Con ésta actividad, aprenderá el alumno a crear una postal y poder enviarla a cualquier amigo.
4ª- Ilustra el cuento
Ésta última actividad será que los alumnos lean un cuento y ellos mismos les pongan sus propias ilustraciones, mediante sus dibujos hechos en clase.
Pienso que ésta actividad es muy adecuada para la comprensión escrita y a su vez muy divertida y motivadora para los alumnos/as de cualquier colegio.
¡HAZLES SENTIRSE PROTAGONISTAS CON SUS CREACIONES!
La Reflexión
El autor Daniel Cassany, no ha adentrado en la aventura del escribir, gracias a su libro llamado "Describir el escribir. Cómo se aprende a escribir". En dicho libro nos enseña diferentes estrategias para crear un escrito correcto, en este caso tres.
Por una parte, nos muestra diferentes estrategias de composición, las cuales las considero importantes el utilizarlas para poder expresar ideas propias de forma escrita, ya que nos ayudan a ordenar las ideas y a hacer una idea general del texto a escribir, es decir a a tener una buena estructuración del texto. Estoy muy de acuerdo con Cassany en donde recoge de que antes de empezar a escribir, deberíamos de planificarnos mediante un esquema. ¡Ojo!, no siempre es necesario el plasmar en el papel dicho esquema, ya que en nuestra mente se pueden establecer dichos esquemas.
Hay que saber plasmar correctamente en el papel nuestras ideas, ya que la escritura es una forma de querer transmitir esa idea o un mensaje, por lo tanto, nuestro objetivo no debe ser otro que el realizar una comunicación de la forma más explícita y eficaz. También, muy importantes, las correcciones, por lo que se debería de revisar continuamente el texto, teniendo en cuenta las ideas expuestas y la ordenación.
Por otra parte, en el libro se mencionan las estrategias de apoyo, las cuales se utilizan para solucionar las deficiencias de conocimientos que se van planteando. Dichas, pueden ser gramaticales o léxicas, textuales o de contenido. También hay que saber solucionar esas deficiencias con micro-habilidades, como por ejemplo buscar en el diccionario, muy usado por escritores mediocres, ésto es la principal diferencia con un escritor experimentado, en el que éste último posee mejores habilidades cognitivas.
Por último, un aspecto importante es la referencia a la calidad de la expresión escrita y su relación con la habilidad de la comprensión lectora, es decir, el saber leer y el saber resumir.
Para finalizar, en mi opinión, el escritor nos enseña unos excelentes pasos para componer un texto. Me parece fundamental el tener en cuenta el público al que nos vamos a dirigir al escribir dicho texto y hacer una planificación minuciosa sobre qué y cómo tenemos que escribir.
Por una parte, nos muestra diferentes estrategias de composición, las cuales las considero importantes el utilizarlas para poder expresar ideas propias de forma escrita, ya que nos ayudan a ordenar las ideas y a hacer una idea general del texto a escribir, es decir a a tener una buena estructuración del texto. Estoy muy de acuerdo con Cassany en donde recoge de que antes de empezar a escribir, deberíamos de planificarnos mediante un esquema. ¡Ojo!, no siempre es necesario el plasmar en el papel dicho esquema, ya que en nuestra mente se pueden establecer dichos esquemas.
Hay que saber plasmar correctamente en el papel nuestras ideas, ya que la escritura es una forma de querer transmitir esa idea o un mensaje, por lo tanto, nuestro objetivo no debe ser otro que el realizar una comunicación de la forma más explícita y eficaz. También, muy importantes, las correcciones, por lo que se debería de revisar continuamente el texto, teniendo en cuenta las ideas expuestas y la ordenación.
Por otra parte, en el libro se mencionan las estrategias de apoyo, las cuales se utilizan para solucionar las deficiencias de conocimientos que se van planteando. Dichas, pueden ser gramaticales o léxicas, textuales o de contenido. También hay que saber solucionar esas deficiencias con micro-habilidades, como por ejemplo buscar en el diccionario, muy usado por escritores mediocres, ésto es la principal diferencia con un escritor experimentado, en el que éste último posee mejores habilidades cognitivas.
Por último, un aspecto importante es la referencia a la calidad de la expresión escrita y su relación con la habilidad de la comprensión lectora, es decir, el saber leer y el saber resumir.
Para finalizar, en mi opinión, el escritor nos enseña unos excelentes pasos para componer un texto. Me parece fundamental el tener en cuenta el público al que nos vamos a dirigir al escribir dicho texto y hacer una planificación minuciosa sobre qué y cómo tenemos que escribir.
El Cuento
El príncipe rana
Hace muchos, muchos años vivía una princesa a quien le encantaban los objetos de oro. Su juguete preferido era una bolita de oro macizo. En los días calurosos, le gustaba sentarse junto a un viejo pozo para jugar con la bolita de oro. Cierto día, la bolita se le cayó en el pozo. Tan profundo era éste que la princesa no alcanzaba a ver el fondo.
-¡Ay, qué tristeza! La he perdido -se lamentó la princesa, y comenzó a llorar.
De repente, la princesa escuchó una voz.
-¿Qué te pasa, hermosa princesa? ¿Por qué lloras?
La princesa miró por todas partes, pero no vio a nadie.
-Aquí abajo -dijo la voz.
La princesa miró hacia abajo y vio una rana que salía del agua.
-Ah, ranita -dijo la princesa-. Si te interesa saberlo, estoy triste porque mi bolita de oro cayó en el pozo.
-Yo la podría sacar -dijo la rana-. Pero tendrías que darme algo a cambio.
La princesa sugirió lo siguiente:
-¿Qué te parecen mi perlas y mis joyas? O quizás mi corona de oro.
-¿Y qué puedo hacer yo con una corona? -dijo la rana-. Pero te ayudaré a encontrar la bolita si me prometes ser mi mejor amiga.
-Iría a cenar a tu castillo, y me quedaría a pasar la noche de vez en cuando -propuso la rana.
Aunque la princesa pensaba que aquello eran tonterías de la rana, accedió a ser su mejor amiga.
Enseguida, la rana se metió en el pozo y al poco tiempo salió con la bolita de oro en la boca.
La rana dejó la bolita de oro a los pies de la princesa. Ella la recogió rápidamente y, sin siquiera darle las gracias, se fue corriendo al castillo.
-¡Espera! -le dijo la rana-. ¡No puedo correr tan rápido!
Pero la princesa no le prestó atención.
La princesa se olvidó por completo de la rana. Al día siguiente, cuando estaba cenando con la familia real, escuchó un sonido bastante extraño en las escaleras de mármol del palacio.
Luego, escuchó una voz que dijo:
-Princesa, abre la puerta.
Llena de curiosidad, la princesa se levantó a abrir. Sin embargo, al ver a la rana toda mojada, le cerró la puerta en las narices. El rey comprendió que algo extraño estaba ocurriendo y preguntó:
-¿Algún gigante vino a buscarte?
-Es sólo una rana -contestó ella.
-¿Y qué quiere esa rana? -preguntó el rey.
Mientras la princesa le explicaba todo a su padre, la rana seguía golpeando la puerta.
-Déjame entrar, princesa -suplicó la rana-. ¿Ya no recuerdas lo que me prometiste en el pozo?
Entonces le dijo el rey:
-Hija, si hiciste una promesa, debes cumplirla. Déjala entrar.
A regañadientes, la princesa abrió la puerta. La rana la siguió hasta la mesa y pidió:
-Súbeme a la silla, junto a ti.
-Pero, ¿qué te has creído?
En ese momento, el rey miró con severidad a su hija y ella tuvo que acceder. Como la silla no era lo suficientemente alta, la rana le pidió a la princesa que la subiera a la mesa. Una vez allí, la rana dijo:
-Acércame tu plato, para comer contigo.
La princesa le acercó el plato a la rana, pero a ella se le quitó por completo el apetito. Una vez que la rana se sintió satisfecha dijo:
-Estoy cansada. Llévame a dormir a tu habitación.
La idea de compartir su habitación con aquella rana le resultaba tan desagradable a la princesa que se echó a llorar. Entonces, el rey le dijo:
-Llévala a tu habitación. No está bien darle la espalda a alguien que te prestó su ayuda en un momento de necesidad.
Sin otra alternativa, la princesa procedió a recoger la rana lentamente, sólo con dos dedos. Cuando llegó a su habitación, la puso en un rincón. Al poco tiempo, la rana saltó hasta el lado de la cama.
-Yo también estoy cansada -dijo la rana-. Súbeme a la cama o se lo diré a tu padre.
La princesa no tuvo más remedio que subir a la rana a la cama y acomodarla en las mullidas almohadas.
Cuando la princesa se metió en la cama, comprobó sorprendida que la rana sollozaba en silencio.
-¿Qué te pasa ahora? -preguntó.
-Yo simplemente deseaba que fueras mi amiga -contestó la rana-. Pero es obvio que tú nada quieres saber de mi. Creo que lo mejor será que regrese al pozo.
Estas palabras ablandaron el corazón de la princesa. La princesa se sentó en la cama y le dijo a la rana en un tono dulce:
-No llores. Seré tu amiga.
Para demostrarle que era sincera, la princesa le dio un beso de buenas noches.
¡De inmediato, la rana se convirtió en un apuesto príncipe! La princesa estaba tan sorprendida como complacida.
La princesa y el príncipe iniciaron una hermosa amistad y al cabo de algunos años, se casaron y fueron muy felices para siempre.
-¡Ay, qué tristeza! La he perdido -se lamentó la princesa, y comenzó a llorar.
De repente, la princesa escuchó una voz.
-¿Qué te pasa, hermosa princesa? ¿Por qué lloras?
La princesa miró por todas partes, pero no vio a nadie.
-Aquí abajo -dijo la voz.
La princesa miró hacia abajo y vio una rana que salía del agua.
-Ah, ranita -dijo la princesa-. Si te interesa saberlo, estoy triste porque mi bolita de oro cayó en el pozo.
-Yo la podría sacar -dijo la rana-. Pero tendrías que darme algo a cambio.
La princesa sugirió lo siguiente:
-¿Qué te parecen mi perlas y mis joyas? O quizás mi corona de oro.
-¿Y qué puedo hacer yo con una corona? -dijo la rana-. Pero te ayudaré a encontrar la bolita si me prometes ser mi mejor amiga.
-Iría a cenar a tu castillo, y me quedaría a pasar la noche de vez en cuando -propuso la rana.
Aunque la princesa pensaba que aquello eran tonterías de la rana, accedió a ser su mejor amiga.
Enseguida, la rana se metió en el pozo y al poco tiempo salió con la bolita de oro en la boca.
La rana dejó la bolita de oro a los pies de la princesa. Ella la recogió rápidamente y, sin siquiera darle las gracias, se fue corriendo al castillo.
-¡Espera! -le dijo la rana-. ¡No puedo correr tan rápido!
Pero la princesa no le prestó atención.
La princesa se olvidó por completo de la rana. Al día siguiente, cuando estaba cenando con la familia real, escuchó un sonido bastante extraño en las escaleras de mármol del palacio.
Luego, escuchó una voz que dijo:
-Princesa, abre la puerta.
Llena de curiosidad, la princesa se levantó a abrir. Sin embargo, al ver a la rana toda mojada, le cerró la puerta en las narices. El rey comprendió que algo extraño estaba ocurriendo y preguntó:
-¿Algún gigante vino a buscarte?
-Es sólo una rana -contestó ella.
-¿Y qué quiere esa rana? -preguntó el rey.
Mientras la princesa le explicaba todo a su padre, la rana seguía golpeando la puerta.
-Déjame entrar, princesa -suplicó la rana-. ¿Ya no recuerdas lo que me prometiste en el pozo?
Entonces le dijo el rey:
-Hija, si hiciste una promesa, debes cumplirla. Déjala entrar.
A regañadientes, la princesa abrió la puerta. La rana la siguió hasta la mesa y pidió:
-Súbeme a la silla, junto a ti.
-Pero, ¿qué te has creído?
En ese momento, el rey miró con severidad a su hija y ella tuvo que acceder. Como la silla no era lo suficientemente alta, la rana le pidió a la princesa que la subiera a la mesa. Una vez allí, la rana dijo:
-Acércame tu plato, para comer contigo.
La princesa le acercó el plato a la rana, pero a ella se le quitó por completo el apetito. Una vez que la rana se sintió satisfecha dijo:
-Estoy cansada. Llévame a dormir a tu habitación.
La idea de compartir su habitación con aquella rana le resultaba tan desagradable a la princesa que se echó a llorar. Entonces, el rey le dijo:
-Llévala a tu habitación. No está bien darle la espalda a alguien que te prestó su ayuda en un momento de necesidad.
Sin otra alternativa, la princesa procedió a recoger la rana lentamente, sólo con dos dedos. Cuando llegó a su habitación, la puso en un rincón. Al poco tiempo, la rana saltó hasta el lado de la cama.
-Yo también estoy cansada -dijo la rana-. Súbeme a la cama o se lo diré a tu padre.
La princesa no tuvo más remedio que subir a la rana a la cama y acomodarla en las mullidas almohadas.
Cuando la princesa se metió en la cama, comprobó sorprendida que la rana sollozaba en silencio.
-¿Qué te pasa ahora? -preguntó.
-Yo simplemente deseaba que fueras mi amiga -contestó la rana-. Pero es obvio que tú nada quieres saber de mi. Creo que lo mejor será que regrese al pozo.
Estas palabras ablandaron el corazón de la princesa. La princesa se sentó en la cama y le dijo a la rana en un tono dulce:
-No llores. Seré tu amiga.
Para demostrarle que era sincera, la princesa le dio un beso de buenas noches.
¡De inmediato, la rana se convirtió en un apuesto príncipe! La princesa estaba tan sorprendida como complacida.
La princesa y el príncipe iniciaron una hermosa amistad y al cabo de algunos años, se casaron y fueron muy felices para siempre.
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